Hay lugares en la provincia de Alicante que se conocen por su nombre pero que muy pocos visitantes acaban viendo de verdad. Las Cuevas del Canelobre son uno de ellos. Están a menos de veinticinco kilómetros de la ciudad de Alicante, a unos cuarenta de la costa, llevan décadas abiertas al público y año tras año reciben miles de visitas, pero siguen siendo uno de esos sitios que la gente descubre casi por accidente, de camino a otra cosa o por recomendación de alguien que lleva tiempo en la zona. Quien las visita casi siempre dice lo mismo: no me esperaba esto.

Lo cuento porque yo llevo años trayendo grupos a las cuevas y esa reacción de sorpresa no desaparece con el tiempo. La escala de lo que hay dentro simplemente no se anticipa desde fuera. Y eso, en un mundo donde casi todo se puede ver en pantalla antes de llegar, es cada vez más difícil de encontrar.

Dónde están y cómo llegar

Las Cuevas del Canelobre se encuentran en el término municipal de Busot, un pequeño pueblo del interior alicantino enclavado en la sierra del Cabeçó d’Or, a unos setecientos metros de altitud. La distancia desde Alicante es de unos veintitrés kilómetros por carretera, lo que supone entre veinte y veinticinco minutos de trayecto sin tráfico. Desde la costa, el acceso más habitual es por la autopista A-7 o por la N-332 hasta el desvío hacia Busot y las cuevas.

El acceso al recinto tiene parking propio, lo que hace la visita relativamente sencilla si vas en coche. Para quienes prefieren el transporte público, existe combinación de autobús desde Alicante hasta Busot, aunque las frecuencias son limitadas y conviene consultar horarios actualizados antes de planificar.

La entrada principal a las cuevas se hace a través de un túnel de cuarenta y cinco metros de longitud que lleva directamente al interior de la cavidad. Ya explicaremos por qué existe ese túnel, porque tiene una historia que vale la pena conocer.

Qué vas a encontrar dentro: la geología explicada sin tecnicismos

Las Cuevas del Canelobre son lo que en geología se llama una cavidad kárstica. Significa que se formaron por la acción del agua filtrándose a través de las rocas calizas durante millones de años, disolviendo el carbonato cálcico y creando huecos, galerías y cámaras de dimensiones imposibles de imaginar desde el exterior.

Las rocas en las que se desarrolla la cueva tienen unos ciento cuarenta y cinco millones de años de antigüedad. Son calizas del Jurásico Superior, uno de los pocos relieves de ese período geológico que existen en toda la provincia de Alicante. La cueva en sí, el espacio vacío que el agua fue creando, tiene una historia de alrededor de siete millones de años de erosión continua.

Lo que ves dentro es el resultado de ese proceso: estalactitas que crecen desde el techo, estalagmitas que emergen desde el suelo, columnas formadas cuando ambas se encuentran, y formas más raras como las que los guías llaman medusas, que son concreciones circulares de carbonato que crecen en horizontal cuando el goteo es lento y constante. Cada una de esas formaciones creció a un ritmo de aproximadamente un centímetro cada cien años. Cuando el guía te lo dice delante de una columna de cuatro metros, la escala temporal te deja sin palabras.

La sala principal es lo que hace de las Cuevas del Canelobre algo diferente al resto de cuevas turísticas de España. La bóveda tiene setenta metros de altura, convirtiéndola en la más alta de España y en uno de los espacios subterráneos más impresionantes del país. La comparación con el interior de una catedral gótica es la que hace todo el mundo al verla, y es acertada: hay algo en esa escala vertical iluminada que activa el mismo tipo de asombro que los grandes edificios religiosos. En el centro de la sala está la formación que da nombre a las cuevas: el Canelobre, una estalagmita de más de cien mil años de antigüedad con forma de candelabro, de la que deriva el nombre árabe de la cavidad.

La historia que nadie imaginaba encontrar aquí

Descubiertas por los árabes en torno al año 740 después de Cristo, las cuevas permanecieron relativamente olvidadas durante siglos hasta que el siglo XIX volvió a despertar el interés por explorarlas. Pero la historia que más sorprende a los visitantes es la del siglo XX, durante la Guerra Civil Española.

Alicante fue la última provincia española en caer bajo el control del bando franquista, en la primavera de 1939. Durante la guerra, el ejército republicano aprovechó las dimensiones de la sala principal de las Cuevas del Canelobre para instalar en su interior un taller secreto de reparación de aviones. Construyeron tres plataformas metálicas en el interior de la cavidad para poder trabajar sobre los motores del Polikarpov I-16, el caza soviético conocido popularmente como el Mosca, que era uno de los aviones más usados por la aviación republicana.

El túnel de cuarenta y cinco metros que atraviesas hoy para entrar a las cuevas no es una entrada natural. Lo excavaron los republicanos durante la guerra para poder introducir el material de los aviones en la cavidad. La boca original de entrada, mucho más estrecha, está unos metros más arriba. Cuando bajas por ese túnel sin saber lo que va a aparecer al otro lado, estás siguiendo el mismo camino que los mecánicos de aviación de los años treinta usaban para acceder a su taller secreto bajo tierra.

Para llevar a cabo esos trabajos de acondicionamiento, el ejército republicano dinamitó partes de la cueva que no eran necesarias para el taller, lo que destruyó formaciones geológicas que habían tardado millones de años en formarse. Ese daño todavía es visible en algunas zonas. Es uno de esos recordatorios de que la historia impacta en la naturaleza de maneras que no siempre anticipamos.

Qué esperar durante la visita: lo que no encuentras en la web oficial

La visita a las Cuevas del Canelobre es guiada y dura aproximadamente una hora. Los grupos salen a intervalos regulares y un guía del recinto acompaña a los visitantes por el recorrido habilitado, explicando la geología, la historia y las formaciones más significativas. La calidad de los guías es uno de los aspectos que más repiten positivamente quienes dejan reseñas, y coincide con mi propia experiencia llevando grupos: hay guías con una capacidad de comunicación que convierten la visita en algo genuinamente memorable.

El recorrido desciende en espiral por la sala principal hasta el punto más bajo, donde la perspectiva de la bóveda desde abajo es la más impresionante. La vuelta se hace por el mismo camino. El suelo está habilitado con caminos y escaleras, aunque hay escalones y tramos con pendiente que requieren atención si vas con personas con movilidad reducida o con niños pequeños. No es una visita especialmente exigente físicamente, pero tampoco es completamente llana.

La temperatura interior es constante durante todo el año, entre diecisiete y diecinueve grados. Eso es exactamente lo que necesitas saber para vestirte: en verano vas a agradecer llevar una chaqueta ligera porque la diferencia con el exterior puede ser de quince grados o más. En invierno el interior resulta casi templado comparado con el aire fresco de la montaña.

La entrada general cuesta nueve euros para adultos y hay tarifas reducidas para grupos organizados de más de veinte personas, jubilados, carné joven y universitario. La entrada incluye también la visita al Museo de Música Étnica de Busot, que alberga una colección de más de cuatro mil instrumentos musicales de distintas épocas, culturas y países. Es un plus que pocas personas aprovechan pero que merece un rato.

Las cuevas están cerradas los lunes en temporada baja, el día de San Vicente, el veinticinco de diciembre y el uno de enero. En temporada alta el horario se amplía, pero conviene comprobar el horario actualizado antes de ir, especialmente en festivos y puentes.

Cómo combinar las cuevas con una jornada completa en la zona

Las Cuevas del Canelobre no están lejos de nada, y eso las convierte en una parada perfecta dentro de una jornada más amplia.

El pueblo de Busot merece una vuelta tranquila después de la visita a las cuevas. Es pequeño, tiene una plaza con encanto y el Museo de Música Étnica que ya viene incluido en la entrada. Para comer, el restaurante Ca Tono en la misma plaza del Ayuntamiento es una buena referencia de cocina local.

Desde las cuevas, el acceso a Alicante es rápido y fluido, lo que hace de ellas una combinación natural con cualquier actividad en la ciudad. En Paella Travel organizamos tours que incluyen la visita a las cuevas seguida de un espectáculo de flamenco en un tablao de Alicante, una combinación que funciona muy bien porque une el asombro geológico e histórico de las cuevas con la intensidad cultural del flamenco en una misma tarde. También las incluimos en el tour que combina cuevas y pueblo de Altea, para quienes quieren aprovechar la jornada con dos puntos de interés distintos.

Si tienes pensado visitar las cuevas con un grupo, ya sea familiar, de amigos o de empresa, escríbenos a través de paellatravel.com y organizamos el traslado y la visita con todo incluido desde Santa Pola o Alicante.

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