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Si dices que vas a limpiar la acequia, que el azud está roto o que ojalá llueva, estás hablando árabe sin enterarte. En la provincia de Alicante la huella andalusí no vive encerrada en un museo: está en cómo se reparte el agua, en los nombres de las partidas y en la manera de entender un jardín. Vamos a lo concreto: qué queda, dónde verlo y por qué merece la pena.

Aquí el legado profundo no está en los monumentos, está en el agua

Al-Ándalus desarrolló una tecnología hidráulica notable para prospectar, captar, elevar, almacenar y distribuir agua. De ese mundo vienen acequias, norias, albercas y azudes, y con ellos la revolución agrícola que en el siglo XI transformó el paisaje del Levante. En una tierra de lluvia escasa y ríos que se secan en verano, saber mover el agua no era refinamiento: era la diferencia entre comer y no comer.

La Huerta de Alicante, un mecanismo de relojería con reloj de arena incluido

El río Montnegre baja con un caudal exiguo e irregular, unos veinte litros por segundo a la salida del pantano de Tibi. Los romanos ya lo trabajaron: de aquella época es la acequia de los enamorados, un canal de unos diez kilómetros excavado en la peña y revestido de opus signinum, con la pendiente mínima que Vitruvio recomendaba para que el agua cayera sin turbulencias. Sus ruinas siguen ahí, junto a la pared del pantano y en la sierra de Llofriu, y la tradición oral les colgó una leyenda de amor con un padre llamado Alí y una hija que despreció al pretendiente que ganó la apuesta.

El salto de escala llegó después. Con el poblamiento musulmán se diseñó una red compleja que arrancaba del assut vell de Mutxamel, documentado ya en 1377, del que salía la acequia mayor y sus veintidós brazales. El caudal se dividía en hilos de hora y media, el turno de riego se llamaba martava y el tiempo se medía con ampolletas, relojes de arena que el acequiero dejaba a la vista sobre un plano horizontal. Para regar había que presentar un albalá, un boleto al portador que se compraba, se vendía y se subastaba en la plaza. Ese sistema, uno de los más complejos de España, funcionó hasta 1990.

Palabras que todavía se oyen en el campo alicantino

La tafulla, unidad de superficie de 1.201 metros cuadrados, sigue en boca de agricultores y propietarios mayores. La dula es tanto el agua que corre por la acequia como el turno para tomarla. Los brazales se llamaban Alfaç, Benialí, Albercoquer, Benitía o Moletes. Y cuando algo no tenía explicación, la respuesta era invariable: «això ve del temps dels moros».

Teterías: cuando el jardín es el monumento

La otra herencia no se mide en litros, se respira. Entre Crevillente y Albatera, en el barranco de San Cayetano, hay un carmen levantado hace más de cuarenta años por Harum, que dejó su trabajo en Granada, compró dos hectáreas y fue construyendo poco a poco casas, patios y jardines laberínticos. La lógica es puramente andalusí: muros altos que niegan el interior a la vista, un primer patio de transición donde se espera al anfitrión sin invadir su intimidad, fuentes, aromas y un remate inesperado, una jáima en la azotea. Se abrió como tetería para poder sostenerlo. Ve por la tarde, pasea sin rumbo y quédate a la hora azul, cuando encienden lámparas y velas.

Un itinerario corto para verlo con tus propios ojos

Empieza por el pantano de Tibi y los restos de la acequia de los enamorados. Sigue al assut vell de Mutxamel, que todavía trabaja pese a su estado precario, y busca los partidores y brazales que sobreviven entre calles de Sant Joan d’Alacant. Cierra en el palmeral de Elche, Patrimonio Mundial desde el año 2000, hijo de la misma cultura del agua. Por el camino, lee los carteles: Benidorm, Benissa, Albatera, Alfàs. Ahí también está el mapa.

Dos dudas rápidas antes de salir

¿Se puede visitar la acequia de los enamorados?

Sus vestigios están en terreno abrupto y sin protección ni señalización. Verlos exige guía o mucha prudencia.

¿Queda regadío tradicional en la Huerta de Alicante?

Casi nada. La presión urbanística y el cambio de ordenanzas en 1990 lo dejaron reducido a toponimia, vocabulario y unas cuantas infraestructuras en pie.