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De copas sobre ruedas: Ruta de vinos y tapas por el interior de Alicante

Todos tenemos la misma imagen de Alicante: la Explanada, el Castillo de Santa Bárbara y playas a reventar en agosto. Pero si miras hacia el otro lado, dándole la espalda al mar, la película cambia por completo.

A pocos kilómetros de la costa, el paisaje se vuelve montañoso, la tierra se tiñe de rojo y aparece una tradición que lleva ahí mucho antes de que llegaran los turistas: el viñedo.

Sin embargo, a todos los que nos gusta el buen vino nos surge el mismo problema cuando viajamos. Queremos visitar bodegas y catar sin miedo, pero el coche es un obstáculo insalvable. ¿Quién conduce a la vuelta? Esa pregunta suele matar el plan. Por eso, la opción que está ganando terreno, y con razón, es olvidarse del coche propio y subirse a una Van para una ruta guiada en grupo pequeño.

Es, básicamente, la solución para disfrutar sin calcular cuántos sorbos te quedan para dar positivo.

Bodegas

Más que un transporte, una dinámica diferente

Lo interesante de hacer esto en una furgoneta o Van, en lugar de un autobús enorme de cincuenta plazas, es la cercanía. No eres ganado. Se crea una atmósfera de «road trip» con amigos, aunque acabes de conocer a tus compañeros de asiento hace diez minutos.

Aquí entra en juego el valor de estos servicios: no solo pagas por el traslado, pagas por la tranquilidad mental. El conductor suele ser un guía que conoce el terreno, que te cuenta chismes de los pueblos por los que pasas y que sabe exactamente dónde parar para esa foto panorámica que no sale en Google Maps.

Te dejas llevar. Tu única responsabilidad es sostener la copa.

Lo que te espera en la copa (y en el plato)

Alicante tiene una Denominación de Origen que, honestamente, a veces está infravalorada fuera de la región. El clima aquí es duro, mucho sol y poca agua, lo que obliga a las vides a trabajar el doble. Y eso se nota en el sabor.

La Monastrell y el mito del Fondillón

Vas a escuchar hablar de la uva Monastrell hasta en sueños, y es normal. Es la reina de la zona. Da vinos tintos con mucho cuerpo, de esos que manchan la copa y llenan la boca. Probarlo allí mismo, en la sala de barricas donde ha estado durmiendo el vino, tiene otro matiz.

Pero la verdadera joya, y esto es algo que sorprende a muchos, es el Fondillón. No es un vino cualquiera; es una rareza histórica. Es un vino añejo natural que no se fortifica con alcohol (todo lo que tiene es suyo) y que era el favorito de reyes hace siglos. Catar un Fondillón es beber historia líquida. Si tienes la oportunidad, no te la saltes.

El maridaje: Comerse el paisaje

Un vino potente necesita comida que le aguante el pulso. Olvídate de los canapés finos y minúsculos; aquí se estila el producto de la tierra, directo y sabroso.

Un viaje visual y humano

Embutidos de la montaña

Longaniza y morcilla seca con una curación perfecta gracias al frío de la sierra. Productos intensos, ideales para abrir boca y acompañar vinos con carácter.

Quesos locales

Quesos de cabra y oveja, con sabores intensos y bien definidos. Funcionan especialmente bien para limpiar el paladar entre distintos tintos.

La coca

Sagrada en sus distintas versiones: mollitas, tomate o embutido. Una base versátil y sabrosa que encaja con casi cualquier producto de la mesa.

Aceite de oliva

Oro líquido procedente de olivos milenarios. Perfecto para disfrutar en crudo, untado con pan de pueblo y sin necesidad de nada más.

Más allá de beber y comer, lo que te llevas de estas excursiones es el contraste. En media hora pasas del azul mediterráneo a valles protegidos por el Maigmó o la Sierra de Bernia.

Además, al visitar bodegas locales, a menudo familiares, la experiencia se humaniza. No es una visita industrial fría. Es muy probable que te cruces con el enólogo o el dueño, gente que vive por y para el campo, y que te explicarán con pasión por qué la cosecha de este año es diferente a la anterior. Esa conexión real es lo que hace que el día merezca la pena.

Consejos rápidos antes de subirte a la Van

Si te animas a probar la experiencia, ten en cuenta tres cosas básicas:

  1. Calzado cómodo: Vas a pisar tierra y suelos de piedra. Deja los tacones o los zapatos delicados en el hotel.
  2. Desayuna algo: Aunque te van a dar tapas, empezar una cata a media mañana con el estómago vacío es arriesgado.
  3. Pregunta sin miedo: ¿Por qué huele así? ¿Cuánto tiempo lleva esto en madera? A los bodegueros les encanta ver interés genuino.

Al final, visitar las bodegas de Alicante en Van es una invitación a bajar las revoluciones. Es reconectar con el placer sencillo de una buena conversación, un paisaje bonito y una copa excelente en la mano. Si estás por la zona, regálate ese día. ¡Salud!