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Comer como un local: La mejor forma de conocer un destino

Seamos sinceros. A todos nos ha pasado: llegas a un sitio nuevo y te obsesionas con tachar monumentos de una lista infinita. Corres de un lado a otro con el Google Maps echando humo, buscando el ángulo perfecto para Instagram. ¿El resultado? Tienes la foto, sí, pero te vas sin entender nada.

La realidad es que, en Alicante, como en casi todo el Mediterráneo, la cultura no está (solo) en los museos. Está en la mesa.

Aquí la gastronomía no es un simple trámite para llenar el estómago. Es el eje sobre el que gira nuestra vida social, el reflejo de un clima privilegiado y, francamente, la mejor excusa para no mirar el reloj. Si quieres entender de qué va esta tierra, olvídate un rato de los castillos y prepárate para mancharte los dedos. Deja que los sabores te cuenten la historia que las piedras no pueden.

Comer como un local

Más que turismo, una inmersión (con tenedor)

El turismo estándar te enseña la fachada; comer bien te mete hasta la cocina. Y en nuestra tierra, nada es casualidad.

  • El Arroz: Nuestra historia agrícola y los humedales lo decidieron así.
  • Los Salazones: Herencia pura de marineros que necesitaban que el pescado aguantara travesías eternas.

Cuando te sientas donde comen los locales, dejas de ser un espectador. Pasas a formar parte del ritual. Porque aquí comer es un acto social. No comemos solo por hambre; comemos para cerrar negocios, para arreglar el país o, simplemente, porque hace sol y la terraza está pidiendo a gritos que nos sentemos.

El Mercado: Donde pasa todo lo importante

Si quieres ver la ciudad sin filtros, evita las rutas guiadas a primera hora y vete directo al Mercado Central. Olvida el «glamour» prefabricado; esto es la vida real.

El grito del pescadero cantando la gamba roja, el olor fuerte a mojama, el color de las verduras de la Vega Baja… es un espectáculo. Pero lo mejor es observar a la gente. Fíjate en cómo compran las señoras, cómo exigen saber el origen del tomate o cómo debaten amigablemente con el frutero.

Comer como un local empieza por entender que el producto de temporada no es una moda «eco» moderna. Es la única forma sensata de cocinar que conocemos. Y se nota.

¿Paella o Arroz? Ojo con la terminología

Aquí entramos en terreno pantanoso. Para el visitante, cualquier cosa amarilla con granos en una paellera es «paella». Para un alicantino, esa generalización duele.

La cultura del arroz en Alicante es inmensa y tiene sus propias reglas. Mientras que en Valencia son estrictos con la receta de «La Paella», aquí reina la variedad y, sobre todo, el fondo. El secreto no está tanto en los «tropezones» que ves por encima, sino en la salmorreta, esa mezcla bendita de ñora, ajo y tomate, que le da una potencia única.

Guía rápida de arroces locales

Arroz a Banda

Destaca por su sabor intenso a pescado, conseguido gracias a un caldo potente. Se sirve tradicionalmente con el socarrat bien crujiente, uno de los detalles más apreciados por los amantes del arroz.

Arroz del Senyoret

Todo el marisco viene pelado y limpio, pensado para disfrutar del arroz sin complicaciones. Es una opción cómoda que mantiene todo el sabor del Mediterráneo.

Arroz con Costra

Típico de Elche, se caracteriza por su capa de huevo al horno que cubre el arroz. Una receta tradicional con personalidad propia y muy arraigada en la cocina local.

Mi consejo: Sal de la zona de confort. Pasa de la «paella mixta» (esa que suele aparecer en fotos plastificadas) y pide un arroz auténtico.

El arte del «Tardeo» y el aperitivo

La buena vida en Alicante no se limita a comida y cena. Hemos perfeccionado el «tardeo» hasta convertirlo en casi un deporte olímpico.

Los fines de semana el centro no se llena para cenar, sino para «picar algo» antes. Y ese «antes» a veces se alarga hasta la noche. Los imprescindibles son:

  • Coca de mollitas: Masa crujiente con migas de harina y sal.
  • Marinera: Ensaladilla rusa sobre rosquilla coronada con una anchoa.
  • Bebida: Una caña bien tirada o un vino D.O. Alicante.

Verás que la gente está de pie, hay ruido, risas y movimiento de un bar a otro. No hay prisa. Intégrate en ese caos organizado. Es la esencia del ritmo mediterráneo.

Manual de supervivencia: Evita las trampas

Para comer de verdad, necesitas desarrollar un sexto sentido y esquivar los sitios diseñados para vaciar la cartera del turista despistado. La calidad de los servicios de hostelería en Alicante es muy alta, pero como en todos lados, hay excepciones.

Aquí tienes mis reglas de oro:

  1. Huye de las fotos: Si un restaurante necesita poner fotos gigantes y saturadas de sus platos en la puerta, mala señal. La buena comida no necesita Photoshop.
  2. Pon la oreja: Si entras y solo oyes inglés o alemán, media vuelta. Busca el jaleo en español o valenciano. El ruido local es el mejor indicador de calidad.
  3. Busca el «Menú del día»: La gente que trabaja en la zona come de menú. Busca pizarras escritas a tiza con platos de cuchara como la olleta o el gazpacho manchego.
  4. Respeta los horarios: Si intentas comer a las 12:30 o cenar a las 19:00, estarás solo. El almuerzo fuerte es a partir de las 14:00 y la cena rara vez antes de las 21:00.

La sobremesa: Prohibido levantarse rápido

Y por último, la regla sagrada: comer como un local significa no salir corriendo en cuanto te terminas el postre. La sobremesa es una institución. Es ese momento mágico, café o herbero (licor de hierbas de la montaña) en mano, donde se arregla el mundo.

Es curioso, pero a menudo nos pasamos la sobremesa hablando de lo bien que comimos la semana pasada o planeando qué vamos a comer mañana. Vivimos así.

Al final, viajar es coleccionar sensaciones. Las vistas desde el Castillo de Santa Bárbara son preciosas, nadie lo niega. Pero si te llevas contigo el sabor de un arroz hecho con leña de sarmiento o el crujir de una coca recién horneada, ese recuerdo se te queda grabado en un sitio distinto, mucho más profundo.

Para conocer Alicante, hay que saborearla. ¡Buen provecho!